Treinta y uno.

A los días que tu pelo no aparece por la puerta les guardo un rencor gris especial desde hace un Octubre. Quería decirte que el dorado de tu pelo y el mar de tus ojos me pareció tan inaccesible que casi no llego. Al final llegué y aquí estamos. Sentirme idiota por amor es lo mejor que me ha pasado.
Que Halloween deje de ser una fiesta lúgubre no ha sido fácil, pero mira, lo has conseguido. El día de todos los santos se convirtió en el día de todos los salvados. Porque créeme, me has salvado.
Las palabras se acumulan y no llegan. Que me enamoré de tu risa, tus manos. Tu testarudez es proporcional a la belleza que me dejó sin habla el primer día que me asomé a tu cara. Cuento en suspiros las veces que me miras. Yo te miro a escondidas pensando que es una jodida suerte  que te quedes.
La chica del baile, de la pizza y de mis sueños. La que se esconde a beber Coca-Cola busca la felicidad entre mis alas. Le cuenta a su perra que quiere alas para atravesar el cielo. Espera, te doy las mías, y nos vamos.
La incomprensión trazó el camino pero no saben que este amor es antibalas. A sus juicios de valor los mataré a besos en tu boca, tu cuello y tu barriga. Déjame quedarme a ver como te muerdes las uñas cuando no comprendes el mundo, te juro que me quedaré a verte bailar hasta la madrugada.

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