Alguien.

Alguien. Una persona. Quién sea. Pero que te abrace y se te pase todo. Alguien que te mire y sepa tu estado de ánimo. Alguien que te conozca mejor que tu madre, que tu padre, que tu hermana, que tu prima, mejor que tu misma. Alguien capaz de hacerte reír en el momento más amargo y horrible de tu vida. Alguien con luz. Alguien que te de los buenos días con besos, y las buenas noches con abrazos. Alguien que te quiera de forma incondicional, irrompible, ilimitada. Pero que te quiera bien, que te quiera libre, que te quiera feliz, aunque ese feliz no le incluya. Alguien con barba, o sin ella, pero con una sonrisa arrolladora. Alguien dispuesta a compartir su vida, toda la vida. Alguien que comprenda que la vida es amor, felicidad y sonrisas, pero que también sepa que es dolor, desesperanza y llanto. Alguien que cuando todos los demás salgan corriendo, se quede. Alguien que no huya, que no te decepcione, que no te ignore, que no cierre los ojos al dolor. Alguien que haga de tus problemas los suyos, de tu tristeza la suya, que entienda tus lágrimas como lo más amargo de este mundo. Alguien que te entienda cuando ni tu lo haces. Alguien objetivo en momentos subjetivos. Alguien que no prometa, que lo haga y punto, sin avisos ni falsos juramentos de falsas esperanzas. Porque las promesas se rompen rompiéndolo todo con ellas, pero los actos se cumplen al momento permaneciendo intactos en la memoria. Alguien con fe en ti, con esperanza inagotable. Alguien con chistes tontos en las mangas, uno o dos por cada mal día. Alguien que sin paredes, ni suelo, ni techo, te haga sentir en casa. Alguien que no cambie como la posición de la luna, que sea como el sol, que siempre esté ahí. Quédate con alguien así. Con alguien así, y con nadie más.

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