El columpio.

La inutilidad de hacerse mayor nos engaña haciéndonos creer que seremos importantes algún día y que para eso debemos abandonar los sueños que establecieron los cimientos de lo que somos hoy.

La rutina es importante, pero a ratos me parece que si no construyo un fuerte con cojines en el salón el mundo acabará explotando entre tanta responsabilidad y racionalidad que nos distancia de la locura que deberíamos dejar correr de vez en cuando.

Tú no lo entiendes, pero yo voy a salvaros.

Tal vez sea insensato o infantil querer correr descalza y despeinada sin mirar el reloj, dejando de preguntarme cómo pagar facturas absurdas y de gastar energía vital en situaciones que seguramente me acaben robando años de vida.

Nos creemos muy listos pero nos la han colado, hemos acabado atados de pies y manos mientras lo único que queríamos era jugar de madrugada por el parque sin más equipaje que pantalones cortos y mil chucherías.

Nos vendieron la vida y compramos vacío, pero jamás podrán vencernos porque las que llevamos a nuestra niña interior dentro somos el ejercito de esperanza que llenará de colores las paredes de vuestros aburridos edificios.

Y mientras miráis perplejos yo seguiré balanceándome, desde mi columpio el mundo es más amable.

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