Junio.

Hace poco me la encontré por el camino, y no la he visto igual. Puedes verla cargando pistolas con flores, cosiendo cicatrices con hilos de esperanza. De esas que salen a bailar cuando hay tormenta, descalzas y con vestidos de colores. De las que nunca podrás rescatar, porque se rescatan a sí mismas. Las más emocionales, de esas que experimentan la vida a través de los poros de su piel. No conocen la maldad, y cuando se la encuentran, la combaten. Pero no es una lucha con armas, luchan con compresión, con amor. Con amor. Porque saben que el amor es la respuesta, porque han visto los ojos de aquéllos que han vivido sin amor, y saben que no hay nada peor. Te lo juro, la he visto luchar a contracorriente, contra todo, contra todos, contra el mundo y, a veces, incluso, la he visto luchar contra sí misma. Y la he visto salir en pie, cosiéndose heridas profundas sin anestesia. Y no sabéis qué puta suerte poder verlo, joder.
La han llamado loca, separatista, conflictiva, incomprendida y, a veces, la han tratado mal. Pero no han sido más que ataques provocados por la ira del desconcierto de quien no puede entender lo excepcional, lo único, lo auténtico. Ha pagado el precio por ser libre, y ahora, vuela más alto que todos vosotros.
Y encima va, y nace en Junio.
Feliz cumpleaños, guerrera.

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