La casualidad.

Tocó a la puerta un día que yo no debía estar en casa pero estaba y me hizo replantearme si la vida es sarcásticamente cruel o tiene un sentido del humor extremo.

Otro día me la encontré en un país al otro lado del mundo donde se suponía que debía ser el último lugar en el que sucediese algo familiar y entrañable, obligándome a cuestionar si hay destino o plan divino que nos empuja de forma inevitable a caer por el precipicio.

Es lo que nunca creí que pudo ser pero al final es, reflejando que lo imposible sucede a veces aunque sea solo para los ojos llenos de inocencia.

Y al final del día la sonrisa me acompaña porque sé que ella estará donde quiera que yo sea. Allí donde vaya la casualidad me encuentra.

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