La vida sigue… sin ti.

Para bien o para mal, por ego o por orgullo, por mal humor o rencor, las cosas vienen como vienen y una las afronta como buenamente puede. Somos la suma de nuestras situaciones, de nuestras circunstancias, estamos expuestos a un efecto dominó que puede hacer de una pequeña chispa una explosión que descoloque hasta el mínimo detalle.
Y una lo afronta, como malamente puede.
Las relaciones humanas se me escapan, se escapan de mi entendimiento como el agua de las manos, hay cosas que jamás entenderé por más que le dedique horas, minutos, segundos y neuronas. Todos queremos tener razón y nadie quiere sufrir o ser dañado, difícil combinación de imposibilidad elevada. Lo único que podemos hacer es elegir, ceder o sufrir, aguantar, dejarlo pasar, explotar. ¿Te compensa? ¿Merece la pena? Qué lío, qué difícil todo, ¿por qué no vendremos con instrucciones? Instrucciones imposibles sobre relaciones egocéntricas. Porque sí, aquí todos somos egoístas, y el que diga que no, miente, miente mucho. Se miente a sí mismo,a ti, a mí, y a todos.
El ego, ese gran problema. Cuando te desprendes de él, todo es mucho más fácil, pero claro ¿eso cómo se hace? Aquí faltan otras instrucciones; Instrucciones improbables para deshacerse del ego cargante. Está bien quererse a sí mismo, tener amor propio, conocer lo que valemos. Está mal poner tu ego por delante de según qué o de según quién, sobre todo si ese según quién es importante. Aunque claro, si pones el ego por delante ese quién no será tan importante, o al menos no tan importante como se creía.
Para romper una relación basta cualquier motivo, los hay de todo tipo, color, olor y peso, igual que cualquier relación se puede romper, cualquier pequeña piedra puede hacer que todo termine. Hay relaciones que terminan y desatan un huracán. Las hay que terminan…. y no pasa nada. Todo sigue igual, el sol sigue saliendo, la herida está ahí, pero no pica, no duele, no se siente. Será que el desgaste emocional es tan grande que más que una despedida es una liberación, porque cuando una persona cambia tal vez los motivos para alejarse son más pesados que los que unen y ha llegado el momento de separarse, por un tiempo o para siempre.
Tal vez ahora todo esté dormido. Tal vez algún día despierte y duela a rabiar. Tal vez no pase nada y la vida siga sin más, con rutina y normalidad. Lo que si sé seguro es que te echaré de menos independientemente de la ínfima posibilidad de volver a verte, aunque eso es algo mío y personal que te garantizo arreglaré porque la vida sigue, contigo… o sin ti.

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