Lo bonito del desastre.

Por qué no nos hicimos una puta foto juntos ayer está directamente relacionado con mi incapacidad para tratarte tan bien como te mereces y con mi costumbre de pasear mi amor propio por el suelo de toda la ciudad hasta el momento en que me llevas arrastrando a casa.
Soy el desastre personificado. Lo sé yo, lo sabes tú, lo sabemos todos. Soy ese momento de caos antes de salir de casa cuando llegas tarde a trabajar, la incapacidad de poner a funcionar todas mis habilidades, ese pelo que siempre se mueve de su sitio después de haber salido peinado de casa, todas las cosas molestas que el universo se empeña en poner ahí para jodernos la vida.
Fallos tenemos todos, pero lo mío no es normal.
Por eso cada día me sorprendo más cuando decides no salir por la puerta.
Por eso cada día me sorprendes más al no rendirte conmigo.
¿Te quedas entonces? Puedo intentar cambiar, no hablarte mal, matar los demonios. Darme cuenta de lo hija de puta que soy cada vez que pago contigo lo que no puedo pagar conmigo. No castigarte a ti por mis errores. Joder, tiene que ser difícil quererme. Aún así, ¿te quedas? Es que contigo me siento a salvo, en calma, en casa. Puedo darte las gracias y pedirte disculpas toda la vida, no bastaría ni para empezar, porque eres demasiado, ¿seguro que eres real? Te quiero, ¿te lo he dicho ya?
Decir que tengo un ángel de la guarda es quedarme corta cortísima.
Lo bonito del desastre es que inexplicablemente te quedes.
Pero prometo compensarte. Y te aseguro que merecerá la puta pena. 
 
Porque también puedo ser jodidamente buena. 

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