Mediocre tirando a normal.

Me quiero pero, admito que no hay nada espectacular bajo todo este revestimiento y masa muscular.

Sin más, no me tiembla ni un poco la muñeca al confesar que hace tiempo que acepté lo corriente de mis maneras y de mi forma de ser, y ya ni me altera.

Las veo brillar y triunfar, con esa peculiaridad excepcional que caracteriza a las personas hechas de estrellas que son de todo menos comunes, y me siento extraterrestre entre las estelas que desprenden, siendo muy consciente de que yo jamás sobresaldré en sus intereses. 

No hay pena por ello, solo aceptación. 

Nunca he destacado en nada y ya no sé si confundo lo ordinario con mediocridad. El término medio me define; ni muy lista ni muy tonta, ni muy guapa ni muy fea, ni muy delgada ni muy gorda. Muy nada. 

Siempre he sido buena en nada.

Y en realidad siempre tengo la sensación de que ahí fuera, todo el mundo se siente especial, aunque sea de una manera personal y secreta en la que no se atrevan a mencionar al resto. Después estoy yo, que me sé mediocre tirando a normal. 

Convencida de ello me autoboicoteo constante, en un sinfín de guerras que siempre pierdo rindiéndome.

Y a veces podrás escucharme susurrar despacio, suplicando una tregua pacífica que nunca llega; aclaraos un poquito, 
si todas somos especiales, ninguna lo es.

Y a mí me ha tocado ser la caja vacía y mate. 

Ahora dime, quién será el cobarde que se crea valiente por atreverse a decir que no hay belleza en lo mediocre. 

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