Mi canción favorita.

Las noches que no puedo dormir me vienes a la mente como algo mejor de lo que suelo recordar. Me venís, vosotros, así, en general, aquéllos creéis conocer mi vida, mis pasos y mis colores. Y te recuerdo juzgando cada movimiento que he hecho. Y aún así, a veces, te echo de menos.

Pero eso es problema mío, no tuyo.

Echo de menos pero no a ti, porque en realidad, lo que recuerdo no eres tu. Solo son sombras de lo que algún día creí tener.

Y sigues empeñándote en creer que me conoces, y no, no es así.

No sabes cómo entiendo el mundo, las preguntas que me hago, o por qué lloro a veces.

No tienes ni idea.

No sabes dónde he estado, cómo me he sentido, o lo que he fracasado.

Y aún así, insistes.

Insistís, en plural, porque a veces eres uno, y a veces sois varios.

Y os creéis con derecho a desechar palabras que pican como el sol de Agosto.

Y seguís actuando como si conocieseis cada esquina de mi vida.

Y pensáis que la verdad está en vuestras manos, con la misma legitimidad que perpetuáis vuestro odio hacia aquello que creéis conocer.

Y no, mis actos no son premeditaciones a propósito para ocasionarte malestar; estás en proceso de darme exactamente igual.

Y esto te lo digo, porque a pesar de todo ello, aún crees que me conoces, sin conocer siquiera, mi canción favorita.

Después de tantos años, sigues sin saber quién soy.

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