Repeat.

Hoy las palabras del diccionario no alcanzan la inmensidad de lo que me apetece quererte. La angustia que genera no poder explicar lo que te intento decir es más molesta que el zumbido del mosquito que no te deja dormir.
Al que me hace chocolate cuando el dolor no me deja dormir le reservo una parte tan grande de mi corazón que al final del día no me cabe en el pecho.
Cuando hablo de ti las palabras no saben de justicia. No hay ni una sola página válida que defina lo que me das, lo que me miras, lo que me cuidas.
Pero qué te voy a decir, si yo ya lo sabía. Ya sabía el primer día que rodeaste mi cintura con tus brazos que nunca más iba a querer balancearme en otro columpio. Era Octubre y llovía, aunque desde entonces siempre brilla el sol.
Al final ya te lo he dicho todo, por eso voy a terminar repitiéndome, diciéndotelo con palabras mías que ya te dije un día cualquiera; «Y que su incomprensión sea la cama en la que nos revolcamos con ganas de comernos el mundo, y la vida. De repasarnos las arrugas mientras pasa el tiempo sabiendo que de aquí podemos irnos sin obligación alguna con la certeza, eso sí, que al menos hemos tenido la valentía de intentar amarnos con toda la fuerza que el mar pone en las olas y que a veces, sin querer, ahoga vidas. «

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