El cobarde.

Has cambiado.- Me dijo entre descansos de una relación a punto de morir.
Como si el cambio fuese mejor que quedarse estancado en el mismo punto eternamente. Para siempre.
Pude decirle muchísimas cosas, era la oportunidad perfecta para hacerle saber que los juegos mentales y los chantajes baratos no son justos ni correctos en una relación de iguales, que quererse bien es quererse bonito y quererse libres, libres de cambiar, de ir, de volver, de crecer, de empequeñecerse, de equivocarse, de arrepentirse.

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Berlín.

Press play.

Me fui sin decirte adiós y ahora tu recuerdo tira de mí para que vuelva como la arena tira del mar y como la tierra tira de nosotros para mantenernos con los pies en el suelo.

No ha pasado ni un solo día sin que me acuerde de la sensación en mi espalda cuando me rozabas sin querer queriendo, y me mirabas la nuca a escondidas del mundo porque alguien dijo alguna vez que algunos sentimientos en algunas situaciones no son correctos. Pero cómo podía no ser correcto si te sentía en el torrente de mis venas y eras un pellizco atravesado en las entrañas.

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Tres veces no.

Aunque parezca el título de una película mala tú y yo nos hemos negado tres veces como el que niega que miente en la escena del crimen.  Nunca debimos ser. Pero fuimos y estuvimos en una galaxia que ahora nos queda a años luz y nos convierte en absolutos desconocidos.

Fue un error.

La piedra en el camino.

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La posibilidad perdida.

Perdona por tardar en volver pero he estado mirando las nubes como si no pasara nada. ¿Te acuerdas de las promesas? Las hemos roto todas.

La que no fue, la que se fue. Todos tus discursos íntegros de pacifismo y respeto se vieron salpicados por el negro que escupió tu alma el día que decidiste juzgarme una y otra vez por no estar de acuerdo conmigo. Deja que te diga una cosa, no tienes ni idea de amistad.

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Los aguijones de la avispa que nunca ves venir.

Dame un poco de tregua.

Quiero decir, no sé, soy nueva en esto. Tal vez me haya perdido, o me haya encontrado. Del todo puedo decirte que si algo soy es sincera. No es algo opcional, es inevitable. Mi cara siempre será un reflejo directo del sentimiento que me recorre el cuerpo. Más que un superpóder es una maldición; me da más disgustos que alegrías. Pero el caso es, que así soy. Y bastante trabajo me ha costado llegar hasta aquí como para decidir ahora que no me quiero. Y una mierda. Prefiero quererme a mí que a ti, siempre que cuando hable de ti sea de ti y no de otra persona. A otras personas sí prefiero quererlas. Pero a ti no.

99 por ciento sinceridad. No te mentía.

No me gusta escribir en negativo. En negativo sobre otros digo, sobre sentimientos igual si. Lo que decía, que quererte a ti resta más que suma. Nunca me han gustado las matemáticas, así que si me tengo que poner a hacer cuentas para sostener una relación, la puerta va a terminar cerrada. Y así ha terminado, cerrada. Pero con maderas atornilladas. Mi parte favorita son las flechas que lanzas desde la distancia con toda la intención de herirme, que yo recibo con cara rara y toneladas de indiferencia.

Si tuviera que definirte diría que eres la almohada que se convierte en víbora. Ese lugar en el que te recuestas cómodo y que al final acaba envenenándote hasta hacer dudar de tu propia piel. No, gracias. Para herirme y para quererme me basto y me sobro.

Si te apetece puedes hasta gritarme, culparme o seguir en tu intento vano de molestarme. Buena suerte. Estoy acostumbrada a ser la villana de todas las películas de mi vida. Lo que te decía antes; la maldición de la sinceridad. Ser yo misma sale caro pero no me imagino en otro supuesto que no sea buceando en mis tinieblas. Sí, también soy masoquista, todo un partidazo. Me da igual, me quiero más a mí. Me encanta retorcerme las heridas, meter el dedo en la llaga, que escueza, exprimirlo y grabar el papel más con sangre que con letras.

Y tu no eres tan especial como crees. Tal vez mi problema esté en no tener ningún problema con ser lo normal que la gente cree que soy. Pero qué hay de malo en lo ordinario, dime ¿qué?. Creerte especial es solo otra forma de creerte superior, y mira, a mí las clases me dan mucha pereza.

Léeme bien porque es la última vez que te escribo. No soy especial, pero iba a cuidarte mucho. La disponibilidad de secar tus lágrimas y guardar tus abrazos se ha perdido entre los juicios de valor que has decidido escupirme sin escrúpulos, entre la hipocresía que vistes con principios retorcidos reducidos a tu conveniencia. La inutilidad de valorar la oportunidad perdida se extiende por todas mis venas. La llegada de la indiferencia señala que la muerte está tocando al timbre de la puerta. Antes de olvidarnos del todo, te digo, voy a morder bien la pluma hasta exprimir toda la tinta, a abrazar mi sueño con toda mi garra y a mandarte lo más lejos, a la mierda.

Hasta nunca a toda tu envidia mal gestionada desde el intento de construir una vida extraordinariamente normal.

Sé feliz y no me busques,
porque me encontrarás.