Elemento químico de número atómico 8 y representado por el símbolo O.

“- Mil veces buenas noches.
 – Mil veces malas, por faltar tu luz.”

William Shakespeare

Me gusta escucharla respirar.

En el silencio sepulcral de la noche, en la oscuridad absoluta que toda la verdad escupe, yo descanso y la escucho vivir.Su pecho se abre y sube a la vez que se encoge y vuelve a bajar, una y otra vez. 
Sus ojos cerrados me confirman su presencia terrenal mientras su mente viaja a otros mundos a puerta cerrada a donde, por desgracia, no la puedo acompañar. Y así me preparo para los días en que no la vea más.

Respira y se mueve. Una vez, y dos, y tres.
El dormir inquieto no lo ha heredado de mí y me gusta ver cosas en ella del ser humano que elegí para crear uno nuevo y genuino para conquistar el planeta.

Porque lo conquistará, ya lo veréis.

Hay algo de sideral en ello. En quedarme muy quieta a observar nada mientras me concentro en ese ir y venir de aire del de que dependen todos los hilos que me mantienen viva. 

Escucho una respiración que no es la mía pero que llena de aire mis pulmones y mis días. 

Este momento es mío, me lo guardo como premio a los días de mierda y de confeti sabiendo que existe un incondicional en mis anocheceres, totalmente independiente de la cantidad de desastre que me caiga encima y en la espalda.

Podrían dispararme una veintena de veces, que yo acabaría volviendo a estas cuatro paredes a descansar en los suspiros de la de las pestañas largas.

Y es curioso que yo, que jamás soporté ni el zumbido de las más leve brisa rozándome el oído para poder descansar, ahora necesite la certeza de escuchar que mi vida sigue viva para poder gravitar.

Ojalá nos hagamos viejas y todavía siga queriendo dormir conmigo; esta cama siempre será un búnker antídoto capaz de soportar el apocalipsis más sombrío.