Mediocre tirando a normal.

Me quiero pero, admito que no hay nada espectacular bajo todo este revestimiento y masa muscular.

Sin más, no me tiembla ni un poco la muñeca al confesar que hace tiempo que acepté lo corriente de mis maneras y de mi forma de ser, y ya ni me altera.

Las veo brillar y triunfar, con esa peculiaridad excepcional que caracteriza a las personas hechas de estrellas que son de todo menos comunes, y me siento extraterrestre entre las estelas que desprenden, siendo muy consciente de que yo jamás sobresaldré en sus intereses. 

No hay pena por ello, solo aceptación. 

Nunca he destacado en nada y ya no sé si confundo lo ordinario con mediocridad. El término medio me define; ni muy lista ni muy tonta, ni muy guapa ni muy fea, ni muy delgada ni muy gorda. Muy nada. 

Siempre he sido buena en nada.

Y en realidad siempre tengo la sensación de que ahí fuera, todo el mundo se siente especial, aunque sea de una manera personal y secreta en la que no se atrevan a mencionar al resto. Después estoy yo, que me sé mediocre tirando a normal. 

Convencida de ello me autoboicoteo constante, en un sinfín de guerras que siempre pierdo rindiéndome.

Y a veces podrás escucharme susurrar despacio, suplicando una tregua pacífica que nunca llega; aclaraos un poquito, 
si todas somos especiales, ninguna lo es.

Y a mí me ha tocado ser la caja vacía y mate. 

Ahora dime, quién será el cobarde que se crea valiente por atreverse a decir que no hay belleza en lo mediocre. 

KOL.

Sonaba el álbum Only by the night
siempre a tu alrededor
y yo con el disco en el coche
porque me recordaba a ti. 


Al principio del desastre 
no podía ni escucharlo 
porque cada canción 
gritaba momentos perdidos
de algo brillante
que tuvimos que enterrar. 
Y una de ellas,
fue nuestra canción,
esa era un cuchillo afilado en las costillas,
que impedía respirar. 
Pero ahí se quedó, 
sonaba y sonando
años y años
después de que te fueras. 


No lo quité, 
no lo rompí, 
lo dejé sonar. 
Portazo, 
radio encendida, 
11 canciones más.


Y un día 
dejaron de hablar de ti 
y de tus ojos intensos 
empezaron a contarme la historia 
de perder mi miedo a conducir
y al valor y orgullo
que saqué de la tierra
llevándome cada día
a trabajar,
de mí siendo yo,
sin ti.


De mí, terminando la jodida carrera.
De mí, y de las horas infinitas bajo la luz de biblioteca.
De mí, conociendo gente nueva.
De mí, haciendo nuevos amigos.
De mí, consiguiendo lo imposible. 
De mí, convirtiéndome en adulta.
De mí, siendo otra yo, mucho mayor. 


Y es que realmente, 
es un disco maravilloso, 
y era una pena, 
no poder escucharlo 
porque me hablase de ti. 
Así que lo reinventé 
dándole el significado
que siempre debió tener. 


Y un día, 
el disco se rompió, 
y la verdad es que al igual que a ti, 
jamás 
lo volví a escuchar. 



El columpio.

La inutilidad de hacerse mayor nos engaña haciéndonos creer que seremos importantes algún día y que para eso debemos abandonar los sueños que establecieron los cimientos de lo que somos hoy.

La rutina es importante, pero a ratos me parece que si no construyo un fuerte con cojines en el salón el mundo acabará explotando entre tanta responsabilidad y racionalidad que nos distancia de la locura que deberíamos dejar correr de vez en cuando. Sigue leyendo El columpio.

El cuervo.

Todo el veneno y todo el odio han ido adentrándose poco a poco, creando una membrana oscura recubriendo lo que late dentro de mi pecho, dejando pocas partes vulnerables a tanta mierda.

Donde al pinchar debería correr un hilo de sangre, se rompe la aguja dejando intacto el mecanismo que oxigena lo que da brillo a mis ojos. Sigue leyendo El cuervo.

Disnea.

Con la sensación constante de estar atrapada en la corriente que me arrastra, sin aire y a punto de desvanecerme en algún momento, grito sin voz exigiendo a lo que me zarandea que me ahogue del todo o me escupa en cualquier orilla fangosa hasta gatear a tierra seca.

Y justo ahí, justo en el punto entre quedarme sin aire del todo o salir a la superficie, entre imágenes borrosas que me impiden aclarar si me encuentro más cerca del principio que del fin, Sigue leyendo Disnea.