Teóricamente (in)correcta.

Tengo bastante claro el guión del amor sano. Las normas de una relación normal. El amor inteligente. Nada dañino, algo natural. Quererte, no necesitarte, desearte felicidad sin mí, conmigo, con ella, con nadie. Quererme a mí antes que a ti, que tienes intereses propios, que puede que al final tu camino no sea el mío. Que eres libre, que no somos uno, que la puerta que está abierta para salir, igual está cerrada para entrar. Sin juicios, sin propiedades, sin títulos, compañeros libres.

Ja.
Qué puta la teoría.
Que desintoxicada se presenta.

No te lo creas, es todo mentira.

 

Como te decía, lo entiendo. Sé lo que es, acepto el concepto, lo proceso.
Pero no nos engañemos.
La práctica, la práctica se me da asquerosamente mal.

Y no te voy a mentir, me está costando practicar.
Será que soy un desastre emocional, te lo resumo aquí:
En la práctica te quiero para mí, lo entiendo; eres libre. Pero si tengo que elegir, voy a ser egoísta; que tu felicidad esté aquí, conmigo. Que la mires, y te acuerdes de mí. Que necesites un abrazo y quieras el mío. Que la última noche, la desperdicies conmigo. Que tu plan de vida, sea el mío. O mejor, sin plan, compartir el caos. Que cuando quieras desaparecer, sea en mi compañía. Que prefieras discutir conmigo, que follar con otra. Que la libertad te guíe a mi puerta. Que tu olor favorito, sea el de mi pelo. Y tu sonido favorito, el de mi risa.
Claro, puta egoísta, pensarás.
Joder, QUÉ SÍ.
Que sé que no te tengo que necesitar, que la dependencia es una mierda, que no es amor, que es un invento, algo barato, de mentira, algo comercial.
Lo sé.

Lo sé.

 

De verdad,
la teoría es muy bonita,
pero yo prefiero estar mirando toda la vida tus pestañas. 

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