Tiempo de caridad.

Resulta que la felicidad estaba escondida detrás del tiempo de cuidado que me robaron hace veinte meses, y que lleva quemándome en las pupilas desde entonces impidiéndome mirar.

Resulta que he sido incapaz de normalizar el desapego, que mi pecho no ha sabido congelar las emociones que me han roto en diez mil trozos haciéndome explotar.

Resulta que lo único que quería era quedarme tras la puerta a limpiarte las legañas, a desayunar dos veces y a enseñarte el mundo de mi mano y no estar corriendo de un lado para otro, estando sin estar porque sabía perfectamente que mi sitio estaba en otro lado. En el tuyo, concretamente.

Resulta que nos han robado un tiempo que no va a volver, que hemos caído en la trampa, nos creímos la mentira y nos volvimos vulnerables a la soledad que nos condenan a las que no disponemos de medios para afrontar la realidad sin perdernos las unas a las otras.

Resulta que todavía no he sabido descifrar si la inadaptada soy yo o si el problema es el sistema que nos intenta convencer de que la formula correcta es dedicar casi todo nuestro tiempo a otra cosa que no sea querernos.

Afortunadas aquellas que consiguen adaptarse, yo todavía sigo luchando contra un muro.

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