Un Lunes cualquiera.

A días en los que lo único que necesito es un abrazo tuyo,
no me gana nadie.
Y si el día ha sido una mierda,
en eso ya,
soy campeona mundial.
Es que tu siempre apareces,
con un montón de tu sonrisa,
y nada de rutina.
Aunque sea pleno Lunes,
y necesites cuatro días más,
para salir de la oficina.
Si eres tú siempre es Viernes en tu mirada.
El país de las maravillas lo he construido con carcajadas que me arrancas los días más oscuros de final de mes.
Mi plan es quedarme a vivir ahí,
solo me falta convencerte.
Esa es tu parte de luz.
A tu parte de oscuridad,
la quiero menos,
y la quiero igual.
No me quedaría los días que te pones la armadura y es imposible llegar a ti.
Cuando te hundes y no permites,
ni una mano que te salve,
ni oxigeno que te auxilie.
Pero querer también es respetar espacios.
Así que sonrío y espero
que sirva de algo.
No me quedaría pero me quedo.
Es que luego sonríes y te lo juro,
podría conquistar el mundo impulsada por tu risa.
No se me ocurre nada que no pueda curar,
no he sufrido nada que no haya curado.
El caso es que mientras tu existas,
en cualquier parte del mundo,
el mundo será siempre menos malo.
Y aún cuando ya no existas, existirás.
Tengo la convicción de que existes eternamente si has aportado la luz suficiente como para alegrarle a alguien un Lunes cualquiera.

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