Vuelta al Big Bang.

Hoy he vuelto a pasar por dónde empezó todo.

He pasado por donde te miré por primera vez como te miro ahora y las puertas del parque estaban abiertas de par en par, exactamente igual que la primera madrugada que me acompañabas a casa caminando despacio para no llegar nunca.

He pasado y el tiempo también.

He pasado por allí y he recordado. He recordado quién era yo, quién eras tú, el día que me quedé 12 horas de pie en una calle sin salida solo por verte la cara y escucharte reír, todas las veces que te miré a escondidas, las ganas de morir en la cama mientras el mundo se destruía ahí fuera, las tardes en tu habitación estudiando estudiándonos el uno al otro, las ganas de infinito, las ganas incansables de ti, el nulo espacio entre nosotros, la confianza, la libertad, la certeza de saber que acabábamos de descubrir la magia de lo genuino, nos habíamos encontrado.

He pasado por tu portal, por nuestro banco y por el parque en el que nos juramos amor eterno. Se han muerto todos los mosquitos que nos vieron besarnos hasta las orejas pero las flores siguen vivas. Han pasado tantos años que las pintadas de nuestros primeros días se han borrado con la lluvia y el sol, los árboles han crecido y muerto y los que nos vieron empezar se han largado a vivir sus vidas. Y nos hemos quedado mejor y a solas.

He vuelto al principio para volver aquí otra vez y decirte que me siguen temblando los tobillos cuando me guiñas el ojo desde la otra punta de la habitación llena de gente. Cuando me sonríes desde lejos para decirme sin palabras que precisamente, tú y yo, somos los más jodidamente afortunados del mundo. Cuando haces magia con tus brazos abrazándome fuerte declarando al mundo que sus bombardeos no van a poder con nuestro castillo.

He pasado por nuestra calle y he sabido lo inconscientes que empezamos y lo conscientes que somos ahora. Conscientes de que lo que tenemos entre manos no es algo conformista ni rutinario y que tiene más que ver con la libertad que con sentirte atado.

He vuelto a los cortos y apasionados primeros días. A aquellos en los que no nos bastaba el tiempo, que mañana se acababa el mundo, que bajo tus sabanas era el centro del universo. A cuando me miraste diciendo el momento de que huyas es ahora y yo te miré diciendo que no pensaba huir nunca. Y no lo he hecho.

He vuelto y ahora hay un árbol en Santa María que guarda las cuerdas del cartel de nuestra boda y un corazoncito con sangre tuya y mía palpitando en mi barriga. He vuelto y le he dicho a esa rubia que era cuando empezó todo esto que es una maldita bruja con muchísima suerte.

Y  me ha dicho que lo sabe.

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